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Reconocer la ansiedad y trabajar la voluntad

Foto tomada de Youtube Foto tomada de Youtube

Entendemos la ansiedad como una sensación no agradable, que nos tensiona y  pone en disposición a la acción.  En su favor podemos decir que nos mantiene como especie hasta la actualidad, ya que nos anticipa de peligros que ponen en riesgo nuestra sobrevivencia. También es importante aceptar que la ansiedad es inherente al ser humano, que existe una ansiedad “sana”, que nos mantiene alerta y nos cuida de amenazas sean estas reales o no reales. Cuando hablamos de ansiedad “no sana”, hacemos referencia a un estado de constante tensión sin una amenaza percibida concretamente, interfiriendo en nuestra vida y deteriorando la calidad de ésta.

Ante una época de tanta incertidumbre y cambio, pareciera ser prudente una dosis de ansiedad importante ante el solo hecho de vivir, ésta puede ser acrecentada de forma significativa ante el constante bombardeo de noticias terribles y una percepción de inseguridad constante. Aquella energía o tensión, el organismo busca liberarla a través de acciones que nos otorguen seguridad sea esta objetiva o subjetiva, la pregunta es: ¿hacia dónde se dirige ese miedo no reconocido?

Pueden existir muchas formas de canalizarlo: comprar de forma compulsiva, comer en exceso, fumar, beber alcohol, trabajar más allá de los límites que responde nuestro cuerpo. En el fondo es una enajenación, un salirse de sí mismo, pero sin consciencia de lo que hago y como lo hago. Como mencionamos esta tensión se debe dirigir hacia algo que me otorgue seguridad, sea esto nocivo o no para mi salud y bienestar, tenga sentido o no tenga sentido. Más aún en la época de la inmediatez, donde la paciencia y los procesos parecen estar en retirada…

La ansiedad no reconocida, se transforma en un actuar-no-libre. Perdiendo el acceso a mi voluntad y decisión, el problema no es tener ansiedad sino que hacer con ella. Concretizar cual es la amenaza, ¿es real? ¿Qué se encuentra amenazado en mí? ¿Cuál es el miedo real en esto? Solo a través de estas preguntas, podemos acceder a nuestra libertad y decisión, mi ser-persona en lo que el mundo me demanda en esta situación en concreto, el resto es solo ocupar lo más cómodo o a la mano en mi caja de herramientas psicológicas, pero no por eso la mejor opción.

Si me siento tenso o ansioso, es porque hay una percepción de amenaza. La oportunidad está en poder escuchar mi mensajero interno, recibir su mensaje y procesarlo. El mensajero se molesta si le cerramos la puerta una y otra vez, e irrumpe con más fuerza hasta ser escuchado. Si contamos con este mensajero ¿por qué no ocuparlo en nuestro beneficio? ¿Por qué no integrarlo a nuestro favor?

Cuando hablo de voluntad y decisión, pareciese que es algo tan fácil como decir: quiero esto o lo otro, y tan solo con eso es suficiente, pero no es así porque eso es tan solo una voluntad de deseo, pasivamente quiero algo, pero no me comprometo en eso. Entonces se hace común el querer muchas cosas, sin embargo no hacer nada por alcanzarlas o iniciar el camino hacia su realización. La ansiedad siempre nos empuja hacia algo, es necesaria para energizarnos a actuar. ¿Somos conscientes de eso? ¿Ocupamos eso a nuestro favor?

La ansiedad nos empuja a confrontar la vida, nos alerta y moviliza a dar respuesta a este mundo compartido con otros, pero… ¿puedo ocuparla a mi favor? ¿Puedo reconocer el  mensaje, y trabajar en dar una respuesta a mis temores?

José Martín Maturana. Psicólogo y académico de la U. Central

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