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2084

  • Escrito por Milton Galdames

4 de abril de 2084

De un tiempo a esta parte se ha escrito bastante sobre adoptar el estilo de vida gordx y “salir del closet”. Salir del closet se entiende como deshacerse de las cargas del miedo y voces internas o externas, que a gritos o camufladas en forma de insulto, consejo, piropos o comentarios, se encargan de vigilar que el cuerpo cumpla con los antiguos estándares fascistas de belleza, para embarcarse en el camino de la libertad, la disidencia corporal y la integridad personal.

Pero hay también un grupo de hombres obesos que no buscan la autorealización a través de la salida a la identidad gordx. Estos hombres han elegido crecer en otra dirección. La palabra obesidad da nombre a un aspecto de la condición física psicológica de ese hombre. Pero no es gordx. Gordx describe una identidad sociopolítica contemporánea y un estilo de vida que ese hombre no reclama. Yo lo llamo obeso no gordx.

El obeso no gordx es un hombre que experimenta una división entre su sistema de valores y su peso corporal. Se identifica fundamentalmente con el patrón de vida delgadonormativo. El obeso no gordx siente que su progreso personal está profundamente limitado por su peso.

Hace unos años acudió a mi consulta un paciente pidiendo ayuda para adelgazar, en aquel entonces mi primera impresión fue que el paciente "se aceptase", pero no dije nada al respecto, me concentré en escucharle y tratar de entender su punto de vista. Refería haber sido confundido por la retórica popular que asume que si eres obeso entonces la única respuesta honesta es vivir la identidad gordx, no fue hasta que leyó unos panfletos, que fueron arrojados a la calle por unos extremistas, que comenzó a concebir la posibilidad de un cambio. Se mostraba tan motivado y tenía tantas esperanzas que inadvertidamente comencé a estudiar e investigar todo acerca de los tratamientos que abordaran el tema.

Descubrí cosas inimaginables, para mi sorpresa encontré suficiente material como para tratar su motivo de consulta, pero también tropecé con información sobre las presiones políticas que existen para prohibir e incluso criminalizar las terapias adelgasativas.

Antiguamente los cuatro grandes de la psicología –Freud, Jung, Erickson y Galdames- veían la obesidad como una patología por definición. Sin embargo hoy, la obesidad no se encuentra en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Físico/Mentales (DSM-XXI-R).

La eliminación de la clasificación diagnóstica de la obesidad por parte de la Sociedad Americana de Psiquiatría, no fue una conclusión basada en una aproximación a la verdad científica dictada por la razón sino una acción demandada por el estado ideológico del momento.

Los efectos combinados de la revolución de “Cuerpos Empoderados” y de los movimientos “proderechos”-derechos civiles, derechos del “Orgullo Gordo”, “Stop Gordofóbia”,  financiados por multinacionales como Monsanto, poderosos laboratorios, la industria alimenticia de productos procesados, comida rápida y ropa XL –tuvieron como consecuencia un efecto intimidatorio sobre la investigación.

En un primer momento la eliminación de la obesidad del catálogo DSM tuvo el efecto de desincentivar el tratamiento y la investigación sobre el tema. Para luego con el tiempo dar paso a la criminalización de las terapias adelgasativas y la persecución de los profesionales de la salud que la practican.

Hoy existe un temor exacerbado de emitir cualquier crítica al estilo de vida gordx. Toda discusión pasa rápidamente del terreno argumental al clínico: aunque se aporten muchas razones, el adversario es un enfermo moral, mental, un psicópata social. No hay ni que examinar lo que dice, basta con calificarlo de gordofóbico y sanseacabó.

Esto explica el avance de la agenda gordx sin resistencia alguna por parte de la comunidad: el cierre de gimnasios, la quema de libros de dietas, la celebración del orgullo gordo en colegios y la promoción del estilo de vida gordx en los niños, desde el jardín infantil.

Han pasado años y no me sorprende la reacción de los colegas más inexpertos, nos han adoctrinado a ver solo una dimensión de las cosas. ¿Quiénes somos nosotros para decirle a un ser humano: no señor hasta ahí no más llega usted en su desarrollo personal?, ¿Dónde está el techo de las capacidades del hombre para cambiar?

Leí todos los protocolos y directrices elaboradas por la Comisión de Diversidad Corporal y Obesidad del Colegio de Psicólogos, que vale decir están respaldados por los lineamientos de la OMS y la ONUnnaki. Pero después de conocer a este paciente nada de eso me hace sentido. Hoy creo que la ciencia no se debería construir a base de eslogan, funas, marchas, pancartas, ni presiones políticas.

Cuento corto, el tratamiento fue exitoso y el paciente adelgazó, producto de aquello se volvió deportista, conoció una mujer también deportista, se casaron y tuvieron un hijo.

Años después me fue a visitar a la consulta para presentarme a su hermosa familia. También consultarme por su hijo, el cual tenía algunos problemas en la escuela a causa de su figura esbelta los compañeros obesos le hacían bullying, nada grave ya que en un par de sesiones le enseñé unos trucos de las Habilidades Sociales, específicamente Técnicas Defensivas Socialmente Adecuadas, sorprendentemente el joven aprendió rápido y sus compañeros de curso dejaron de fastidiarlo gracias a sus buenas respuestas.

Ustedes entenderán que no es fácil hablar de esto, en un mundo donde se han  prohibido las dietas y las terapias para bajar de peso, por considerarse discriminatorias y supuestamente suponer una concesión a la idea de la patologización de la obesidad.

Por mi seguridad laboral he debido esperar a jubilarme para publicar mis investigaciones, pero las presiones de estos grupos de activistas no se han hecho esperar, tuve que desconectar mi teléfono que no dejaba de llamar para recibir amenazas, en ocasiones se apostan a fuera de mi casa una multitud de gordx con pancartas gritando insultos, arrojan basuras, bolsas con orine y boñigas a mi antejardín. He tenido miedo lo admito, incluso he pensado en retractarme para que me dejen vivir el tiempo que me queda en paz. Soy un hombre viejo y mis huesos solo quieren descansar, sé que muchos me apuntarán a la lista de los malos, pero prefiero eso a que me agreguen en la lista de los tontos.

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