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Atención de Salud: ¿Cómo disminuir riesgos para el paciente?

Foto de Elvenezolanohouston.com Foto de Elvenezolanohouston.com

Niños que son vacunados con agua destilada, suministro equivocado de un medicamento, operar a un paciente de la cadera equivocada, son algunos de los eventos adversos que se presentan en una atención de salud. Para evitar estas situaciones, expertos plantean que debe existir un compromiso institucional y una pausa de seguridad.

Si bien se trata de situaciones puntuales, cuando ocurren ocasionan daño. Tras la acreditación que establece la Superintendencia de Salud para los recintos hospitalarios y centros ambulatorios se incorporaron protocolos y normas para asegurar la seguridad en la atención de salud, así como estrategias para mejorar la gestión del riesgo. Sin embargo, expertos coinciden que muchos de estas exigencias están en escritas en el papel y se necesita avanzar hacia una fiscalización y cambio en la cultura asistencial.

Para ello plantean que es muy importante una pausa de seguridad al momento de realizar un procedimiento clínico para revisar que se esté haciendo adecuadamente; que exista un compromiso institucional para velar que estos protocolos se cumplan y que se considere una evaluación de la calidad percibida por los usuarios. Así lo plantearon en el Coloquio: Atención de Salud: ¿Cómo disminuir riesgos?, organizado por IPSUSS, U. San Sebastián.

En la oportunidad, Marlene Vallejos, enfermera-matrona y Master en Gestión de Calidad Asistencial de la Universidad de Murcia (España) afirmó que “en Chile, más del 90% de las causas que generan un evento adverso son organizacionales y no alcanzamos a tener un 10% de responsabilidad en los procesos”.

La académica añadió que “la cultura de seguridad en salud en nuestro país todavía es reactiva y por eso es importante entender que dentro de un evento adverso, la primera víctima es el paciente, la segunda quienes generan la asistencia y la tercera es la organización”.

Por eso enfatizó que “no es posible estar en una institución y no conocer los protocolos de gestión del riesgo, porque la calidad es de papel sino está puesta en el que toca al paciente”.

Asimismo, manifestó que “hoy día los errores son organizacionales y el dolo no existe. La falla humana suele ser menos del 0,5% y cuando es así, se conocen sus causas como lapsus, distracción, exceso de confianza o la automatización. Mientras esto no cambie habrá mil incidentes más en los recintos asistenciales”.

En ese sentido, resaltó que “no podemos cambiar a las personas, pero si el contexto en el que trabajan y lograr que existan pausas de seguridad, para enfrentar el riesgo en la salud”.

De la misma forma, Fernando Nagano, director de Escuela de la Facultad de Enfermería de la USS, aseguró que “no hay que conformarse con tener protocolos y reportes de eventos adversos, sino que debe haber un compromiso institucional para entregar herramientas que permitan prevenir o mitigar la ocurrencia del error”.

El académico expuso que es necesario preocuparse no sólo “del mapa de la gestión de riesgo de los servicios, sino también de identificar cuáles son esos momentos en la práctica clínica para así detenernos en la programación de los cuidados de salud”.

Nagano agregó que “ahora recién estamos entendiendo que la calidad y seguridad asistencial parte de un compromiso ético y legal de quien ejerce alguna acción de salud. Además se ha logrado migrar de la culpabilidad hacia la comprensión de que el error es humano, pero también es inhumano no tomar todas las medidas de control y prevención de eventos adversos”.

En tanto, Myriam Sánchez, directora de enfermería del Hospital del Trabajador puso el acento en la “labor de la triada que conforma el equipo de enfermería con el director médico y el gerente de operaciones, para poder generar un paragua mucho mayor para todos los procesos con el fin de no sólo medir el resultado final de la gestión con un indicador específico, sino todo lo que implica la calidad y seguridad asistencial”.

Además puntualizó que “si se mantiene en el tiempo una estructura de trabajo, se puede reducir la cantidad de eventos adversos y brindar una buena atención de salud, junto con disminuir costos, tener una menor estancia media y una menor tasa de infecciones en los recintos, generando de esta forma una cuenta de ahorro que permiten reinvertirlos en nuevos programas de seguridad del paciente”.

Por su parte, Cristián Cáceres, actual encargado del Departamento de Gestión Integrada del Servicio de Salud Metropolitano Central argumentó que “si hemos sido capaces de ponernos de acuerdo en el ámbito público y privado para prevenir los errores que causan más daño y muertes, ahora el foco debe estar en las zonas de vulnerabilidad donde puedan haber riesgos”.

Asimismo, indicó que los pilares fundamentales en esta tarea son la calidad institucional, la gestión clínica y el manejo de las infecciones intrahospitalarias. Además planteó el desafío de discutir sobre “la calidad percibida que tiene que ver cómo los usuarios perciben lo que se les está entregando en la atención de salud”.

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