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¡Guerra abierta al feminismo!

  • Escrito por Guillermo Sepúlveda

Nos encontramos frente a una sociedad cada vez más "liberada". Al menos eso dicen los políticos de corte “progre”, los medios de comunicación y todo lo que, en código nuestro, es "políticamente correcto”, pero una temática que ha sido remarcada y cuestionada es la del feminismo.

¿Feminismo o feminismos? Existe, por ejemplo, el feminismo llamado “radical”, el cual profesa que: "sólo es posible defender los puestos de la Mujer, de forma violenta, tan violenta como el "Patriarcado" (dominio del Hombre por sobre la Mujer) lo ha hecho". Destruir la Familia, liberarse de las "Diferencias bio-centristas" ("centradas en la Biología") y aceptar una igualdad natural. Es decir, naturalizar su discurso.

La segunda tendencia, un poco más "pacífica", proclama no ya una "solución radical y violenta", sino que más bien gradual y haciendo hincapié en los espacios públicos más significativos para el despliegue de las mujeres: el trabajo y la familia. Sin querer destruir a la familia ni atacar las diferencias psicológicas, pretende aunar fuerzas para que la mujer trabaje y viva dignamente tanto como lo hace el hombre. Estas dos opciones, llamadas por todos "feministas", son claramente marca de nuestra era y, como toda idea humana, poseen tanto pros y contras. Contrario a como se piensa hoy en día, en dónde todo aquello que "libera" es divino, y aquello que "oprime" es infernal, pretendo dar una nueva opción, si se le quiere llamar, más realista.

Hasta ahora, todo bien, pero hay una cosa que poco o nada se ha analizado y es la simple pregunta: ¿Cómo nos adaptamos hombres y mujeres en un mundo con tendencia hacia la apertura de oportunidades de la mujer y, por ende, de la sociedad toda? En realidad a mi entender no existe en la mente de quienes nos gobiernan, una tendencia hacia la adaptación. ¿Por qué? Justamente porque no pretenden construir sociedades más armónicas, por el contrario se pretende romper y debilitar más las relaciones entre los sexos, que en última instancia, es una de las relaciones sociales de mayor altruismo existente en toda sociedad (fidelidad, amor incondicional, confianza, lealtad).

Es necesario ver el tema en contexto y de forma relacional. Se ha viciado en demasía el pensar este tema como si fuera exclusivamente de la mujer y que en ella es necesario depositar la "misión mesiánica (profética)" de su salvación, victimizándola al máximo. ¡Por el contrario creo que debemos estar conscientes de que esta misión es social, no de "género" como les gusta llamar a quienes profesan una verdadera "lucha de Sexos". Es misión tanto de hombres como de mujeres. El atrincheramiento de un sexo contra otro refuerza aún más los “femicidios” y “machicidios”, violencia intrafamiliar y todos los problemas históricamente relacionados con este tema.

Las consecuencias son gravísimas como todos sabemos, pero la peor de todas es que colabora aún más a debilitar a nuestras almas (tanto de hombres como de mujeres), aumentando lo que he llamado la "incapacidad de sufrimiento" (de resistencia ante las problemáticas de la vida) y de todo aquello que la naturaleza nos depara. Necesitamos aunar fuerzas entre hombres y mujeres, fortalecernos entre nosotros (desde la familia hasta el pololeo presente), buscar la unidad, entendernos mejor, sacrificarse por el otro y, así -como en toda época de decadencia en la vitalidad de los pueblos- no perder el rumbo ni las ganas de seguir soñando.

Hay que superar la visión feminista de las relaciones de pareja y derrotar a la sociedad delicada en dónde ni hombres ni mujeres quieren, muchas veces, "hacerse responsables de una relación" (como he escuchado en todo Chile) o de "asumir el deber de casarse” (como he escuchado en algunas parejas), como si amarse fuera un deber y "ser amigos especiales” resulta ser un milagro divino. Estos son síntomas sociales, marcas producidas por la concepción "progresista" la cual cree que:"En todo Sacrificio hay un ataque a la libertad"

La verdad de las cosas nos hace falta más "pachorra" con el otro, aunar fuerzas y, de una vez por todas volver a ver a la pareja como la persona que desde el primer beso, decidimos amar.

 

 

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